No se puede gestionar bien lo de todos, si no sabes gestionar tu casa. No se trata de disensos ideológicos, se trata de ver quién se lleva el gato al agua. El ayuntamiento se está volviendo una casa de locos (y de locas). Una pugna soterrada entre el señor de las fotos, el postureo y la parafernalia frente al todopoderoso señor que cree que gestionar bien consiste sólo en ahorrar. Todo ello aderezado con los líos de sus jefes: Pablo e Isabel que, aunque no lo parezca, nos afectan aquí también; y mucho. Y con sus “no, pero sí”, a una ultraderecha que no acaba de despegar en Tres Cantos porque el equipo del PP intenta ocupar todo su espacio. Lo que ocurre es que cuando estiras de la colcha para taparte por la derecha, a menudo te quedas con el trasero al aire por el otro lado de tu cama.

Cuando escribimos estas líneas, damos por sentado que, cuando se publiquen, habrán aprobado con su mayoría absoluta y, esperamos que sin ningún apoyo, los presupuestos. No es que renunciemos a dar la batalla, es que sabemos de antemano que, cuando presentan los presupuestos una semana antes del Pleno, su intención de negociar o modificar tiende a cero.

Unos presupuestos que son más de lo mismo, políticas basadas en el envoltorio y no en lo envuelto, en la apariencia y no en las personas, en garantizar su futuro y no el futuro de tod@s.

Pero, además, al presentarse necesariamente antes de la ejecución presupuestaria del presente ejercicio, nos impide conocer los ahorros finales del 2021 que se emplearán, que duda cabe, en reforzar aún más su proyecto de ciudad. Una ciudad que expulsará a sus habitantes -y, sobre todo, a sus descendientes– mediante un planeado proceso de gentrificación, por la falta de vivienda asequible.

 

 

No podemos acabar estas pocas palabras que aún nos permiten en la que tratan como “su revista”, aunque la paguemos entre todas las personas vecinas, sin referirnos al “proyecto Paraninfo”. El menos dañino, es verdad, de sus propósitos megalomaniacos, pero peligroso aún así. No sólo por el tipo de ciudad que perfila, con algunas dotaciones públicas concentradas, salpicadas y rodeadas de servicios privados de hostelería y otros y todo ello adornado por jardines insostenibles y muy caros. Unas zonas que, bajo un manto aparentemente verde, ocultan unas zonas de baja biodiversidad, sostenidas mediante un gasto inadmisible de agua.

El agua reciclada de riego es un mito y el agua de beber no se puede derrochar, aunque podamos pagarla.

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