por Ángel Martínez

Cuando un nuevo vecino llega a Tres Cantos, aprecia algunos cambios respecto a otras ciudades vecinas: amplias avenidas, muchos jardines, casas modernas,… Todo tan nuevo como artificial, urbanizado desde la nada en los últimos 30 años. Es necesario alejarse del centro urbano para conocer el Tres Cantos de siempre, el territorio original que nos dió cobijo.

El maltrecho bosque de ribera en torno al arroyo Valdecarrizo-Bodonal hacia el norte, una zona natural de primer orden poco conocida pero muy amenazada por el polígono industrial y las nuevas urbanizaciones. La zona del Tagarral, el Parque del Este y el Parque de los Alcornoques junto al espectacular Soto de Viñuelas dan salida directa al campo por el noreste. Hacia el Oeste, el encinar de Valdeloshielos y el bosque del arroyo Tejada, colindantes con el Monte de El Pardo, para llegar al cerro de la Mamota junto al Manzanares. Son los últimos valores naturales originales de nuestro territorio, muy frágiles frente a los intereses puramente urbanísticos.

Individuos ajenos a éstos valores naturales hacen planes de futuro para transformar los en dinero, especulando con su expolio. Valores ambientales de primer orden, que han estado ahí miles de años se podrán convertir en urbanizaciones estándar, ante la mirada impasible de los vecinos.

¿O quizás no? Es hora de poner límite.

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